jueves, 1 de mayo de 2008

Literatura. Mundos ficticios y tipos de géneros.

Literatura

Mundos ficticios - Grandes géneros literarios - Géneros literarios históricos

Introducción

La literatura es probablemente una de las formas más creativas de utilizar nuestro lenguaje, ya que permite construir, por medio de palabras, mundos que jamás habríamos imaginado. Podemos crear ámbitos que se parezcan al que vivimos diariamente, recrear lugares cotidianos del pasado a través del lenguaje o proyectarnos al futuro en la ciencia-ficción. Es posible también acceder a espacios fantásticos, donde todo nos sorprende y nos parece desconocido. Incluso encontramos relatos que llegan a fundar las creencias de una cultura: los mitos.

De esta manera, las distintas formas de crear mundos que se han desarrollado en diferentes épocas, han generado una clasificación amplia de los géneros literarios (lírica, drama y narrativa) y otras más específicas y de duración más breve (la novela picaresca, la tragedia griega, la ciencia-ficción, el drama burgués, etc.), que responden a circunstancias históricas muy particulares y que se conocen como “géneros literarios históricos”. Estos consisten en la manifestación histórica específica de alguno de los tres grandes géneros: por ejemplo, la égloga es una manifestación del género lírico en el siglo de oro español.

Así como existen variadas clasificaciones de género y tipos de mundo, existen, como veremos, muchas formas de interpretar un mismo texto, dependiendo del sujeto que lea y del momento histórico en que lo haga. Podemos no estar de acuerdo con lo que un amigo o amiga haya comprendido de una obra, aunque no por eso su punto de vista es erróneo. Lo importante es que seas capaz de fundamentar lo que entendiste de una obra, es decir, que manejes un conocimiento suficiente sobre una obra y su contexto, contando así con herramientas de base adecuadas para proponer tus interpretaciones.

Tipos de mundo ficticio creados por la literatura

Una de las características de la literatura que más nos sorprende es su capacidad de hacernos olvidar nuestro mundo por un momento, y entrar en otro ámbito completamente diferente. En estos universos viven personajes que desconocemos y que a veces habitan épocas distintas a la nuestra o incluso ambientes en los que suceden cosas que nos desconcertarían en nuestra realidad cotidiana. De esta manera, la literatura utiliza el lenguaje para construir mundos regidos por lógicas similares y/o distintas a las de nuestro diario vivir. Como algunas obras literarias presentan elementos comunes en cuanto a los mundos que configuran, podemos clasificarlos en “tipos”. Esta clasificación podría ser múltiple, pero para la PSU se consideran seis rasgos caracterizadores de los tipos de mundo, que se describen a continuación. Lo importante es que sepas que una misma obra puede presentar rasgos de varios tipos de mundo al mismo tiempo, pero que siempre hay uno que predomina sobre los otros. Por ejemplo, en el fragmento de Alicia en el país de las Maravillas que te presentamos más adelante, se observan varios elementos que podríamos identificar como propios de nuestro entorno cotidiano (un par de guantes, un conejo que salta, una niña, etc.). Sin embargo, hay un elemento central que quiebra esta lógica: el conejo habla y esto pareciera ser natural en el mundo mostrado por el texto. Por lo tanto, en este texto lo cotidiano está presente, pero únicamente al servicio del mundo onírico, como una forma de mostrar la ruptura entre realidad y fantasía. Veamos a continuación los tipos de mundo a los que nos referimos:

1. Mundo cotidiano:

Cuando una obra literaria busca configurar un mundo similar al que vivimos diariamente, hablamos de un mundo ficticio de tipo cotidiano. La representación de este tipo de mundo configura un espacio literario que se rige por una lógica habitual o semejante a la de nuestra realidad. Por ello se dice que genera un efecto realista en el lector. Es importante entender que no solamente existe la vida cotidiana que habitamos actualmente, sino que en cada época ha existido una forma determinada de ver el día a día. Existen obras que nos muestran mundos cotidianos del pasado y, por lo tanto, nos dicen algo de lo que sucedía en la época en que se ambientan. El siguiente fragmento de Martín Rivas, obra escrita por Alberto Blest Gana en 1862, te ayudará a entender cómo una obra crea un mundo basado en la exhibición de elementos comunes con la cotidianeidad de otra época:

A principios del mes de julio de 1850 atravesaba la puerta de calle de una hermosa casa de Santiago un joven de veintidós a veintitrés años.

Su traje y sus maneras estaban muy distantes de asemejarse a las maneras y al traje de nuestros elegantes de la capital. Todo en aquel joven revelaba al provinciano que viene por primera vez a Santiago. Sus pantalones negros, embotinados por medio de anchas trabillas de becerro, a la usanza de los años de 1842 y 43; su levita de mangas cortas y angostas; su chaleco de raso negro con largos picos abiertos, formando un ángulo agudo, cuya bisectriz era la línea que marca la tapa del pantalón; su sombrero de extraña forma y sus botines abrochados sobre los tobillos por medio de cordones negros componían un traje que recordaba antiguas modas, que sólo los provincianos hacen ver de tiempo en tiempo, por las calles de la capital.

Alberto Blest Gana: Martín Rivas, Editorial Andrés Bello, Santiago de Chile, 1991.

La referencia a un año específico de la historia (1850) y a una ciudad existente en nuestro país (Santiago), revelan el intento por hacernos creer como lectores que se trata de un mundo que podemos encontrar en la realidad. La sensación de estar frente a un mundo cotidiano se ve reforzada por la descripción detallada del vestuario del personaje y de algunas costumbres de la época, ya que estos elementos funcionan como rasgos verosimilizadores (que dan apariencia de verdad) propios de la novela realista.

2. Mundo onírico o fantástico:

Lo onírico se asocia al sueño. Sin embargo, esto no quiere decir que a este tipo de mundo correspondan todas las obras relacionadas con el tema del sueño. Se habla de “onírico” porque esta clasificación engloba a todas las obras que configuran un mundo representado que quiebra en algún momento con la lógica en la que vivimos diariamente, para dar paso a una lógica similar a la que se estructura en los sueños, donde los hechos más increíbles y hasta absurdos son posibles. Cada vez que encontramos un texto en que algún hecho nos provoca la sensación de extrañeza, y de que aquello no sucede en la “vida real”, estamos frente a un tipo de mundo onírico. Un cuento, por ejemplo, en el que el protagonista se transforma repentinamente en lobo, quebrando nuestras expectativas lógicas, evidencia la configuración de este tipo de mundo. El siguiente fragmento de Alicia en el país de las Maravillas nos muestra cómo se desarrolla este universo ligado al sueño:

Era otra vez el Conejo Blanco, que volvía saltando poco a poco y mirando ansiosamente a uno y otro lado como si estuviera buscando algo. Alicia oyó que mascullaba para sus adentros: "¡Ay, la Duquesa! ¡La Duquesa! ¡Por vida de mis queridas patitas! ¡Ay de mi piel y de mis bigotes! ¡Estoy tan seguro de que me mandará ejecutar como de que los grillos son grillos! ¡Dónde diablos puedo haberlos dejado caer! ¡dónde, dónde!". Alicia adivinó al instante que lo que estaba buscando eran el abanico y el par de guantes blancos de cabritilla, y con la mejor disposición se puso ella también a mirar por todas partes, sin resultado alguno, pues no aparecían por ningún lado.

Lewis Carroll: Alicia en el País de las Maravillas, Editorial Alianza, Madrid, 1984.

Todo parece en orden en esta historia. No obstante, cuando el conejo habla frente a Alicia vemos que la lógica de lo que estamos acostumbrados a percibir como habitual se quiebra. Que un conejo nos hable puede sucedernos en un sueño, pero no en nuestra realidad. Por eso hablamos de mundo onírico. Por otra parte, este texto permite retomar un contenido revisado en el módulo 1: la personificación.

3. Mundo mítico:

A este tipo de mundo corresponden todas aquellas obras que presentan relatos de los cuales se deduce el origen de una cultura o de un fenómeno de la naturaleza (por ejemplo, el origen de las estaciones en el mito griego de Demeter, o el del día y la noche en el mito náhuatl de Nanahuatzin y Tecuciztécatl). Dicho origen aparece ligado a la presencia de fuerzas sobrenaturales, ancladas en un imaginario religioso específico (dioses, semidioses, héroes, por ejemplo). Por lo tanto, son relatos que, de alguna manera, fundan o se asocian a un determinado conjunto de creencias. En el siguiente texto de Elicura Chiuailaf puedes observar estos rasgos:

En el epew -relato- del origen del Pueblo mapuche, nuestros antepasados dicen que el primer Espíritu Mapuche vino desde el Azul. Pero no de cualquier Azul sino del Azul del Oriente. Y como en nuestra Tierra no había nada que pintara ese Azul como el expresado en el cielo profundo, intenso, dijeron que el Azul existe en el Oriente y en el espíritu y el corazón de cada uno de nosotros. Y que cuando el espíritu -en la brevedad de su paso por este mundo- abandona al cuerpo, se va hacia el Poniente a llamar al Balsero de la muerte para que lo ayude a cruzar el Río de las Lágrimas y llegar así a la isla -el País- Azul en la que habitan los espíritus de nuestros Antiguos.

Chiuailaf, Elicura: Recado confidencial a los chilenos, LOM Ediciones, Santiago de Chile, 1999.

El texto anterior explica diversos fenómenos (el origen del pueblo mapuche y lo que sucede con el sujeto después de la muerte), a partir de la intervención de fuerzas sobrenaturales o divinas: el Azul, el Balsero de la muerte, el Río de las Lágrimas. Estos rasgos nos ayudan a deducir que se trata de un texto que configura un mundo mítico, base de las creencias de la cultura mapuche. En la lógica del mundo mítico, la convivencia entre dioses y hombres, la presencia de fuerzas sobrenaturales, la magia, etc. aparecen como elementos naturales, por lo que podemos señalar que el mundo mítico es a la vez maravilloso, es decir, que dentro de él estos elementos tienen su propia explicación, por lo que no son considerados como extraños.

Grandes géneros literarios

En el módulo anterior nos referimos a los grandes géneros literarios y revisamos las características principales de la lírica (predominio de la función expresiva), la narrativa (predominio de la función referencial) y el drama (predominio de la función apelativa). Por lo tanto, en este módulo abordaremos de manera más específica cada uno de estos géneros, considerando sus principales elementos y características.

1. Género lírico:

Si bien ha resultado difícil a lo largo de la historia de la literatura fijar una definición exacta y estable del género lírico, podemos afirmar que, al centrarse en la función expresiva del lenguaje, constituye un género destinado a la expresión de una subjetividad. Esto significa que todas las obras cuyo foco no está en la narración de una historia, sino en la exhibición de un sujeto y lo que piensa y siente, pueden clasificarse dentro del género lírico. Ya no se trata, como en la narración, de mostrar personajes y acciones, sino de la reflexión emotiva de una persona respecto del mundo en el que se instala. Para que comprendas mejor esta idea: es análoga a la diferencia entre contarle a un amigo o amiga algo que te sucedió en una fiesta e intentar expresarle lo que sentiste en ese momento. Probablemente utilizarás un lenguaje completamente distinto en ambos casos.

Por otra parte, más allá del contenido, el género lírico ha presentado algunos rasgos en su forma, relativamente estables a lo largo de la historia. Si bien no es privativo de la lírica, uno de sus elementos importantes es el uso figurado del lenguaje, es decir, un uso del lenguaje que se diferencia de la comunicación habitual, pues intenta nombrar las cosas de una manera distinta.

Además de las figuras, el género lírico, debido a su relación con la música (recordemos que la lira era un instrumento musical), posee un ritmo determinado, una forma de estructurar las palabras que enfatiza sus sonidos. Para lograr este efecto, en algunos casos se utiliza la rima consonante (casa rima consonantemente con masa, taza, plaza, ya que todos los sonidos a partir de la última sílaba acentuada son iguales), la rima asonante (casa rima de manera asonante con gata, baja, rana, pues todas las vocales que siguen luego de la última sílaba acentuada son idénticas) o el verso libre (incluso cuando no hay una rima explícita, se mantiene un determinado ritmo). Debido a esta importancia de la musicalidad, muchas veces las obras del género lírico se estructuran en versos de determinadas sílabas, como una forma de mantener cierta regularidad en la entonación del poema. Este fenómeno se denomina “métrica” (medida de los versos). Es probable que si analizas, por ejemplo, una canción de hip-hop, detectes cierta regularidad en la cantidad de sílabas utilizadas por verso en cada estrofa, pues la lírica sigue un principio similar al de la música.

2. Género narrativo:

El género narrativo es un género mixto, es decir, que en él se pueden alternar la voz del narrador y la de los personajes. Se caracteriza por centrarse en el mundo representado (acciones – personajes – espacio).

  • Narrador: se entiende el narrador como el que porta la voz del relato, vale decir, el que cuenta la historia. Este narrador, según el grado de conocimiento que tenga acerca de los hechos que relata, puede ser omnisciente (conoce todo lo que sucede y lo que los personajes sienten y piensan), testigo (está inserto en el relato y observa los sucesos, por lo tanto, no conoce todo acerca de los personajes y de la historia, sino solamente lo que ve) o protagonista (está dentro de la historia y participa de ella como personaje principal, asumiendo la primera persona gramatical).
  • Estructura de la narración: la narración tradicional (aunque hay innumerables novelas y cuentos que rompen este orden) se estructura en las siguientes partes:
  • Presentación: parte inicial de la narración, que muestra al lector los personajes principales de la historia, además de exponer el conflicto central del relato.
  • Nudo o desarrollo: una vez que ya se conocen los personajes y el conflicto, se muestra la forma en que cada uno asume un rol frente a este problema. Suele ser la sección más extensa del texto narrativo.
  • Clímax y desenlace: el clímax es el punto en que el conflicto ha llegado a su máxima tensión. Luego de ello sigue el desenlace, que resuelve el conflicto de forma positiva o negativa de acuerdo a los objetivos de los protagonistas.
  • Acción, espacio y tiempo: otra característica de la narración es que desarrolla una secuencia de acciones en un tiempo y un espacio determinados y que se organiza, entonces, en episodios. Un episodio lo entenderemos como un problema + su solución; por ejemplo, tener hambre + comer constituye un episodio.
  • Personajes: dentro de un texto narrativo encontramos personajes principales (protagonistas del conflicto) y secundarios que se pueden clasificar en oponentes (impiden al protagonista alcanzar la realización de su deseo) y ayudantes (facilitan al personaje o a los personajes principales el logro de su meta).

Lee el siguiente cuento de Augusto Monterroso, para que puedas detectar estos rasgos:

LA RANA QUE QUERÍA SER RANA AUTÉNTICA

Había una vez una Rana que quería ser una Rana auténtica, y todos los días se esforzaba en ello.

Al principio se compró un espejo en el que se miraba largamente buscando su ansiada autenticidad.

Unas veces parecía encontrarla y otras no, según el humor de ese día o de la hora, hasta que se cansó de esto y guardó el espejo en un baúl.

Por fin pensó que la única forma de conocer su propio valor estaba en la opinión de la gente, y comenzó a peinarse y a vestirse y a desvestirse (cuando no le quedaba otro recurso) para saber si los demás aprobaban y reconocían que era una Rana auténtica.

Un día observó que lo que más admiraban de ella era su cuerpo, especialmente sus piernas, de manera que se dedicó a hacer sentadillas y a saltar para tener unas ancas cada vez mejores, y sentía que todos la aplaudían.

Y así seguía haciendo esfuerzos hasta que, dispuesta a cualquier cosa para lograr que la consideraran una Rana auténtica, se dejaba arrancar las ancas, y los otros se las comían, y ella todavía alcanzaba a oír con amargura cuando decían que qué buena Rana, que parecía Pollo.

Monterroso, Augusto: 16 Cuentos Latinoamericanos. Antología para jóvenes, Coedición Latinoamericana, Brasil, 1992.

La voz es asumida por un narrador omnisciente, que se refiere al personaje en tercera persona y que conoce sus acciones, pensamientos y sentimientos. Cuando se señala: “Había una vez una Rana que quería ser una Rana auténtica, y todos los días se esforzaba en ello”, se presenta al personaje principal (desde la personificación) y su conflicto (presentación). Luego, se desarrolla la forma en que el protagonista (la rana) asume su problema y aparece el personaje secundario: “los demás”. Por último, se cierra la historia con un final poco favorable para el personaje (desenlace). A lo largo de este cuento, además, se va situando temporalmente el relato al decir “Había una vez”, “Al principio”, “Unas veces”, “Por fin”, “Un día”, etc.

3. Género dramático:

Como vimos en el módulo anterior, el género dramático se caracteriza por el predominio de la función apelativa o conativa, ya que la acción se desarrolla a través del dialogo de los personajes.

Dentro de este género es fundamental distinguir dos dimensiones centrales: el texto dramático y la puesta en escena. El primero es el texto escrito que propone un dramaturgo (el que escribe obras teatrales) y el segundo se refiere al montaje que un grupo de actores en conjunto con un director realizan, basándose en la lectura del texto escrito.

Respecto del texto dramático, es importante que sepas reconocer en una obra los siguientes elementos:

  • Rasgos comunes con el género narrativo: entre el drama y la narrativa existen varias características compartidas. En primer lugar, se presenta una secuencia de acciones en un espacio y un tiempo determinados. Dichas acciones son realizadas por personajes y se estructuran también en presentación, nudo, clímax y desenlace. La diferencia entre ambos géneros radica en la forma de presentar la historia, ya que mientras en la narrativa conocemos los acontecimientos a través de la voz del narrador, en el género dramático percibimos directamente la acción de los personajes a través de sus diálogos, ya sea en la lectura o bien si asistimos a la acción cuando esta se representa. No hay una voz que medie entre nosotros y la acción presentada, y por ello somos espectadores directos, incluso cuando solo leemos el texto dramático.
  • Acto y escena: son divisiones internas de la obra dramática. El acto es una unidad mayor dentro de la obra, que generalmente obedece a cambios espacio-temporales en la trama y por ello permite hacer cambios escenográficos en su puesta escena. Por su parte, la escena es una división menor dentro de cada acto, que está marcada por la entrada y salida de los personajes de la acción. · Diálogos: en el texto dramático, los diálogos son los que refieren la historia en su totalidad, y corresponden a las intervenciones verbales de los personajes. A través de ellas nos enteramos de gran parte de la acción dramática.
  • Acotaciones: son todas las indicaciones que el dramaturgo señala entre paréntesis, ya sea para destacar alguna emoción del personaje o alguna de sus acciones, por ejemplo: (acerca la bandeja a Juan), (dice con rabia), (se mueve hacia el fondo de escenario). El director a cargo de la posterior puesta en escena considera las acotaciones solamente como sugerencias y no necesariamente las toma en cuenta.
  • Aparte: se refiere a aquellos textos que un personaje dice exclusivamente al público, como si hubiese salido de escena y los demás personajes no lo escucharan.

En la puesta en escena se toman decisiones acerca de los aspectos propios del montaje: escenografía, vestuario, iluminación, movimientos de los actores, caracterización de los personajes, maquillaje, entre otros.

Géneros literarios históricos

Además de los grandes géneros literarios (lírica, narrativa y drama), existe una clasificación más específica para las obras: los géneros literarios históricos. Esta clasificación se establece debido a que, en algunas épocas de la historia, se generaron formas de escribir relativamente fijas, que llegaron a constituirse en géneros con sus propias características. Habitualmente la forma de escribir asumida en un contexto determinado, se relaciona directamente con las circunstancias histórico-culturales que se daban en la época. Entenderemos los géneros literarios históricos, entonces, como formas específicas que adquieren los grandes géneros y que, como criterio, nos es útil para clasificar un conjunto de obras con rasgos comunes entre sí y que se desarrollaron durante un periodo histórico específico. Para que comprendas mejor este concepto, puedes ver a continuación la descripción de algunos géneros literarios históricos:

  • La épica (del griego epos: palabra, noticia, narración): es una de las primeras manifestaciones de la narración. Se trata de historias “cantadas” o relatadas oralmente y cuyo tema central son las acciones “dignas de contar” realizadas por “héroes” que representan los ideales de una clase (guerrera o aristocrática) y de toda una sociedad. (La Ilíada, La Odisea, Beowulf, La Eneida, El Cantar del Mío Cid, El Cantar de Roldán). Hoy en día ya no se escriben epopeyas al estilo, por ejemplo, de los griegos.
  • La tragedia griega: si bien este género tiene manifestaciones posteriores a la Antigüedad, es en esta época donde sus características son definidas y delimitadas por Aristóteles. Se caracterizaba por la exhibición de un conflicto entre personajes humanos nobles y la fuerza del destino que siempre lograba vencerlos. La tragedia presenta un final desfavorable para sus protagonistas, que con frecuencia mueren al terminar la historia. Por lo demás, si los personajes intentaban huir de su destino, este se cumplía de todas maneras. La finalidad de estas obras teatrales era lograr en el espectador la catarsis, es decir, una mezcla de piedad frente al sufrimiento padecido por los personajes y de terror, por la identificación con la trágica suerte del protagonista (Antígona, Edipo Rey, Medea).
  • Auto sacramental: es un género desarrollado durante la Edad Media, que representaba en piezas dramáticas algunos fragmentos de la historia bíblica. Este género está profundamente ligado al momento histórico en que surge, ya que se trata de una época marcada por la instalación del cristianismo en Occidente. De esta manera, los autos sacramentales tenían una función pedagógica además de estética, ya que buscaban enseñar esta religión a través de la representación teatral (El Auto de los Reyes Magos, del año 1150).
  • Novela de caballería: género narrativo protagonizado por caballeros medievales que encarnan una serie de valores: el honor, el amor, la valentía, etc. Se trata de un relato de aventuras en que el caballero debe enfrentar duras batallas según las normas de caballería, para llevar a cabo sus objetivos y cumplir con sus ideales (El Amadís de Gaula o los textos que giran en torno a la leyenda del Rey Arturo).
  • Égloga: género perteneciente a la lírica, que se desarrolla principalmente en el Renacimiento. Al igual que la época en la que se inserta (primordialmente antropocéntrica), la égloga se centra en problemáticas propias del ser humano, como el amor o la muerte, ya no vistas desde una perspectiva religiosa como en la Edad Media. Habitualmente estos poemas eran protagonizados por pastores (en una visión idealizada de ellos), situados en un entorno natural también paradisíaco (Égloga I, Garcilaso de la Vega).
  • Novela picaresca: género que nace en una época de crisis (siglo XVI) y, de acuerdo a ello, refleja las condiciones de vida en un contexto histórico complejo. Este género histórico invierte la categoría tradicional del héroe, colocando en el centro al pícaro, un sujeto que no es de origen noble ni defiende grandes causas. Se trata de un protagonista que nace en medio de la pobreza y que debe buscar múltiples formas para sobrevivir; su característica principal es la astucia como estrategia de vida. Por lo tanto, se trata de un género que rompe con los cánones existentes en su época y que narra las andanzas un este antihéroe (El Lazarillo de Tormes, La vida del buscón).
  • Novela policial: género narrativo que no nace como un gran género literario, sino como novela de bolsillo destinada a la entretención, a mediados del siglo XIX. Posteriormente se consolida como un género cuya historia se centra en la detección de claves que llevan al protagonista a resolver algún enigma, habitualmente relacionado con un crimen (las novelas de Arthur Conan Doyle, cuyo protagonista era Sherlock Holmes y algunos textos de Edgar Allan Poe). De allí provienen algunas de las series policiales que actualmente se transmiten por televisión (por ejemplo, Heredia y asociados).
  • Ciencia-ficción: es un género que aparece a partir de los avances técnicos de la modernidad y que se consolida durante el siglo XX con el desarrollo tecnológico. Ello genera la posibilidad de proyectarse hacia el futuro ya no desde la incertidumbre, sino desde potencialidades ciertas a partir de los avances de la técnica. Este género se caracteriza, entonces, por el establecimiento de una hipótesis acerca del futuro de la humanidad, cuyos argumentos se basan en el desarrollo actual de la ciencia y la tecnología (obras de autores como Ray Bradbury, Julio Verne, Isaac Asimov, Stanislaw Lem, Philip K. Dick, Arthur Clarke, entre otros). Estos textos literarios dan origen al género cinematográfico de ciencia-ficción, que se manifiesta en películas como Terminator, Matrix, Alien, Minority Report (Sentencia previa), El planeta de los simios, Final Fantasy, entre otras.

Convergencia y divergencia interpretativas

En el módulo anterior hablamos acerca de la interpretación entendida como un diálogo entre el lector y el texto, es decir, como la interacción que se produce entre lo que el texto dice y la experiencia del sujeto que lo lee. Por lo tanto, la interpretación no solamente sirve para decodificar un texto literario, sino también para reconstruirlo y terminarlo a partir de nuestra lectura. Esto quiere decir que, cuando lees un texto literario, no solamente comprendes lo que en él se dice, sino también recreas parte de la obra con el sentido que le das a partir de tu propia experiencia.

De lo anterior se deduce que un texto no tiene una única interpretación, sino que admite tantas lecturas como lectores tenga, siempre y cuando cada una de dichas lecturas esté claramente apoyada en algún aspecto del texto. Esto significa que cuando digas “yo creo que esta obra habla sobre la soledad”, debes ser capaz de volver al texto y decir en qué frase, oración, verso, figura literaria, personaje o acción identificas la presencia de la soledad. Si no puedes encontrar ningún elemento del texto que confirme lo que tú entendiste, quiere decir que tu lectura no está bien fundamentada.

En el módulo 1, ya aprendiste a dialogar con el texto desde tu propia experiencia. En este es importante que comprendas la variedad de interpretaciones posibles frente a un mismo texto, pues además de tu lectura pueden existir muchas otras que se sostienen en otros aspectos del texto. Te sugerimos hacer la prueba con tus compañeros y compañeras: lean un mismo poema o cuento y luego hablen sobre lo que cada uno entendió. Es muy probable que cada uno proponga una interpretación diferente, sin que por ello estén equivocados.

Así como tus compañeros y compañeras pueden comprender las obras literarias de formas muy distintas, cada época de la historia ha leído de manera distinta un mismo texto. Por ejemplo, Frankenstein puede ser entendida como una obra de ciencia-ficción, ya que presenta una hipótesis acerca del futuro del ser humano a partir de un descubrimiento científico: la posibilidad de dar vida a una persona utilizando algunas partes de cadáveres, uniendo partes de cuerpos muertos. Por otro lado, desde una interpretación que considere aspectos propios del Romanticismo literario, podríamos afirmar que el personaje exhibe la historia de un ser humano incomprendido por la sociedad donde habita. Incluso más, pues algunas versiones cinematográficas del texto lo han interpretado de una manera distinta: se trata de un personaje del género del terror y cuya finalidad es provocar miedo en los espectadores. Lo mismo sucede cuando ves las distintas versiones que se han hecho para el cine de Drácula, Romeo y Julieta, La Ilíada, que interpretan de forma muy variada el texto literario original. Las obras literarias, entonces, generan lecturas distintas dependiendo de quién las lea y en qué contexto y época lo haga. Por ello, habrá algunas interpretaciones convergentes (coinciden en su punto de vista) y otras, por el contrario, serán divergentes (no tienen nada en común o se oponen). Lo importante es que cada sentido otorgado a la obra esté basado en algún aspecto significativo que aparezca justificado dentro de ella.

1 comentario:

Emilio dijo...

muy bueno che! me sirvio mucho para lo que buscaba, me interesó.